miércoles, 7 de diciembre de 2016

Ángulo muerto

Siempre he tenido serios problemas para recordar las caras de los demás y reconocerlos cuando vuelvo a verlos. Me resulta imposible cerrar los ojos y dibujar en mi mente los rostros de los que me rodean, mi cerebro debe acumularlos en algún lugar al que no logro tener acceso. Tengo muy buena memoria para los nombres, para las fechas, para detalles que pueden parecer triviales, pero a menudo me siento perdido cuando camino por la calle, nadando en medio de un banco de peces cuyas escamas, a mis ojos, reflejan el mismo brillo. Con los años he desarrollado pequeños trucos de supervivencia, pero he de reconocer que a menudo no me funcionan. Mi disculpa habitual, la única que me permite salir casi airoso de las innumerables situaciones embarazosas que he tenido que afrontar, es mi miopía. Veo perfectamente, pero la ausencia de mis gafas parece una buena razón para justificar mi falta de reconocimiento.

Viajo en avión al menos dos veces por semana. Las horas que paso volando me sirven de escapatoria para mis propios pensamientos. Cierro los ojos y escucho las voces de la gente que me rodea. Las voces sí suenan diferentes, música con partitura, páginas de un libro que me siento capaz de leer sin necesidad de esconderme detrás de mis falsas gafas de aumento.

Aquel viaje, en principio, no parecía ser diferente de los demás. La voz que sonó en el asiento que estaba a mi derecha me resultó familiar, pero mantuve los ojos cerrados. Cuando oí mi nombre, sentí pánico. Abrí los ojos lentamente, fingiendo salir de un profundo sueño. "No sabes quién soy, ¿verdad, Carlos?" Antes de que pudiese articular mi justificación recurrente, la mujer continuó hablando: "No me digas que has olvidado de nuevo tus gafas". Revisé mis recuerdos, pero no encontré el sonido que encajaba en el molde de su voz. "Lo siento, no recuerdo tu nombre" contesté. Ella permaneció callada el resto del viaje. Cerré lo ojos de nuevo, esta vez sumido en un oscuro vacío, rendido ante la evidencia de que nunca recordaría la cara que hacía unos minutos me observaba decepcionada y que, por alguna razón que no lograba justificar, me había contagiado su tristeza.

Photo source: https://www.flickr.com/photos/amphalon/2434970318

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