lunes, 10 de octubre de 2016

Los ilusos recurrentes

No puedo explicar lo que es la ilusión pero ahora la siento pegada a mi cuello, mitad cuchillo, mitad cinta de seda, apretando por momentos, olvidándose de mí por segundos.

Tú aún no lo sabes, pero volví a Kolding. Paseé por sus calles disfrazado del turista que nunca quise ser, sabiendo que tú ya no estabas allí, que no te encontraría por casualidad en alguna de sus esquinas. Cuando cerraba los ojos, aún podía oír tu risa retumbando en la pequeña plaza en la que antes se escondía tu casa. La puerta verde, los escalones brillantes por el hielo y tú sonriendo a lo lejos con el pelo alborotado cubriéndote los ojos.

El tiempo nos ha ido difuminando hasta convertirnos en extraños, pero muchas veces, cuando el barullo de mi vida me da una tregua, todavía me pregunto cómo serán tus días, que corren paralelos a los míos pero lejanos y ajenos a mí. ¿Serás la misma que conocí y amé o mi recuerdo es sólo un espejismo de lo que guardé, de lo que quisimos pero no pudimos ser?

Hoy he recibido tu correo y mi mano ha temblado al leer tu nombre. Ella ha vuelto contigo, la ilusión que jugaba a su antojo con las agujas de mi reloj, y ahora no sé qué hacer con ella. Mañana te veré, pero mientras tanto el tiempo ha cambiado de medida.

Photo source: https://www.flickr.com/photos/lauramakabresku/15248322971/

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