viernes, 2 de septiembre de 2016

El desencanto

¿De qué sirve que te explique cómo ocurrió? Llevo tanto tiempo recordando esta historia que creo que mis deseos, mis miedos y mis propias contradicciones la han deformado de un modo tal que ya no sé qué queda de realidad. Sé que aquella noche no había podido dormir y que el teléfono sonó a primera hora de la mañana, cuando comenzaba a sentir esa especie de sopor que presagia el sueño. No me alarmé. Creo que llevaba horas esperando a que algo sucediese. Llamada desde un número oculto. Nadie contestó al otro lado, sólo pude distinguir el ruido del tráfico, de pasos alejarse, de conversaciones lejanas que nada tenían que ver conmigo. Esperé. Contaba con que, fuese quien fuese quien estuviese al otro lado, finalmente se decidiese a comunicarse conmigo. Los ruidos se fueron amortiguando y ya sólo pude distinguir una voz femenina, no muy lejos del micrófono, pero que no parecía dirigirse a mí. "No va a poder ser. No estoy bien. Quiero irme. No espero que lo entiendas y comprendo que me juzgues, pero he tomado una decisión y es definitiva. No hay nada que puedas hacer, así que no compliquemos más la situación. Mañana te daré todos los detalles. Tengo que pensar. A pesar de todo, quiero hacer las cosas bien ". Fin de la llamada.

Mientras me duchaba, pensé en las palabras que acababa de escuchar. Lo normal hubiese sido aceptar aquello como una equivocación, pero tú me conoces, ya sabes que siempre he creído en las señales. Sabía que habría una segunda llamada al día siguiente. Pero me equivoqué. La llamada tuvo lugar esa misma noche. La voz tardó de nuevo unos minutos en poder distinguirse claramente. "Ya he comprado los billetes, era la única salida. La situación se había vuelto demasiado claustrofóbica, sabes que no soy capaz de soportar la presión, me limita. No quiero dejar de ser yo misma. ¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Cómo dejamos que nos pasase? No hay sabor más amargo que éste, el de la muerte de algo que deseé que durase eternamente" En mi mente, unos labios rojos pronunciaban las palabras que ahora escuchaba tan claramente. "No sé si él vendrá, pero por una vez en mi vida he decido ser valiente. He quedado con él mañana en El Comercial a las 10. Si él quiere, nos iremos juntos. Si no, me iré yo sola. No llores, por favor. Hemos sido demasiado felices para empañar nuestros recuerdos de esta manera". La llamada acabó abruptamente, pero yo ya había tomado una decisión.

A la mañana siguiente, al llegar a la Glorieta de Bilbao, dudé por un instante. ¿Cómo la reconocería? Todas mis dudas desaparecieron al empujar la puerta de la entrada. Ojeras, piel transparente, labios rojos y una gran maleta a su lado. "¿Nos vamos?" me preguntó, y salimos del café, atravesando la acera que comenzaba a arder bajo el sol de julio.

(El Café Comercial, el lugar en el que  tantas veces me senté a escribir y en el que acumulé un sinfín de vivencias, literarias y personales, cerró el 27 de julio de 2015 dejándome, entre otras cosas, huérfana de mesa. Por él pasaron muchos de los personajes que habitan mis historias. Esta noche El Comercial vuelve a abrir en mis recuerdos)

Photo source: http://estamostendenciados.blogspot.com.es/2015/03/cafe-comercial-un-cafe-con-historia.html

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