miércoles, 10 de agosto de 2016

Polaroid

Encontró las primeras fotos en el buzón de su casa, camufladas entre la publicidad y los sobres con facturas. Tenía mucha prisa, aquel día llegaba especialmente tarde al trabajo y casi sin pensarlo, las metió en el bolso junto con el resto de la correspondencia y corrió hacia el garaje.
Cuando llegó a al oficina, las dejó encima de la mesa que compartía con Pili.
- ¿Desde cuando te dedicas a hacerte selfies tan extraños? Te aburres mucho, cariño  - comentó Pili mientras contemplaba aquellas polaroids desenfocadas, fragmentos del rostro y del cuerpo de Ana.
- No me las he hecho yo, estaban en el buzón de casa, las he encontrado esta mañana.
- ¿Y no sabes quién las ha dejado allí? Quizá te las ha enviado Hans...
Mateo se acercó a ellas:
- ¿Qué pasa, chicas? Vamos con retraso, tenemos la presentación a las 11, deberíamos salir ya.

Ana y Mateo se habían separado casi a la vez. Ana apenas llevaba un año casada con Julián y cuando él le pidió el divorcio, ella sólo pudo sentir un vacío repentino y la sensación de naufragar en un océano de preguntas sin respuesta. Mateo dejó a su novia y se volcó en consolar a Ana. Juntos se habían perdido en las calles de Madrid en las noches de aquel verano especialmente caluroso. Las horas y horas de confidencias, de lloros y risas culminaron en una noche de borrachera, de la que Ana apenas tenía recuerdos, en la que ambos se hicieron el mismo tatuaje en el interior de la muñeca y amanecieron juntos en la misma cama. Pili, embarazada de seis meses en aquella época, no les había podido acompañar durante esos meses de desenfreno y observaba con cierta envidia cómo cada mañana ambos llegaban a la oficina, ojerosos y con los ojos brillantes."¡Qué cabrones! Ya podríais esperar unos meses, para que me pueda apuntar a vuestras juergas" les comentaba. 

A finales de septiembre el calor había dado una pequeña tregua y un ascenso inesperado convirtió a Mateo en director del departamento. Ana pensó que una aventura con el que ahora era su nuevo jefe no era algo muy recomendable y decidió que su incipiente relación se convertiría en adelante en amistad. Tres meses después conoció a Hans en uno de sus viajes de trabajo a Alemania. Ahora, un año más tarde, la empresa acababa de aprobar su traslado a Düsseldorf y Ana estaba preparando la mudanza y su boda con Hans.

La fecha de su partida se acercaba y las fotos, variantes con pequeños matices de que las primeras que había encontrado, seguían llegando todos los días. Pili observaba con preocupación a Ana, cada día más nerviosa y delgada.
- Quizá deberías ir a la Policía - le comentó una mañana.
- Hans piensa lo mismo, pero a mí me parece un poco ridículo. ¿Qué les digo? ¿Que cada día encuentro en mi buzón fotos de mí misma? ¡Menuda amenaza! ¿Crees que me van a tomar en serio? La verdad es que ahora estoy demasiado ocupada, sólo quedan dos semanas para la mudanza y con todo el lío de la boda estoy agotada.
- Si quieres cancelamos lo de esta noche...
- Ni lo sueñes, me apetece mucho cenar con vosotros.

Aquella noche Mateo llamó a la puerta de Ana y ella sonrió al ver el ramo de flores y la botella de vino.
- Muchas gracias, no deberías haberte molestado. ¿Y Pili?
- Me llamó hace unos minutos, Curro tiene fiebre y finalmente no va a poder venir. Estaba esperando al médico. Me dijo que después te llamaría.
- Vaya... espero que no sea nada grave.
- Seguro que no, son sólo cosas de niños, ya verás.

Ana colocó las flores en un jarrón y las llevó al salón. Mateo, la observaba en silencio. Finalmente, le entregó un sobre, mirándola a los ojos con preocupación.
- Estaba encima del felpudo, lo he recogido antes de llamar -comentó- No sé si hago bien al dártelo, no quiero que te amargue la noche.

Ana cogió el sobre y se volvió para abrirlo. Sacó una única foto. En ella, una mano de hombre abarcaba el cuello de una Ana dormida, una mano con un tatuaje, el mismo tatuaje que ella tenía en su propia muñeca. Esa mano era la misma que ahora ella sentía en la nuca y que comenzaba a apretar lentamente, pero cada vez con más fuerza.
- Cada noche que pasé contigo intenté congelar el tiempo mientras dormías. Para ti fue algo fugaz, para mí eras mi vida - murmuró Mateo - ¿De verdad pensaste que iba dejar que te alejaras de mí?

Photo source: https://www.flickr.com/photos/jeffhuttonphoto/6187623336/

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