jueves, 5 de abril de 2012

Madrid III (La lógica del azar)

---Mensaje original------
De: cpablos@maddog.es
Enviado el: 1/07/11
Para: ellah@maddog.com
Asunto: Calma chicha

Me gusta mi ciudad en verano. Hay gente que dice que esto ya no es como antes, que ya no nos quedamos sólo cuatro gatos disfrutando del asfalto derretido y de las noches de gin-tonic. A mí todo eso me da lo mismo, yo estoy aquí y no rodeado de arena pegajosa o de vacas y mosquitos. La gente de más sólo pone una nota exótica: los disfraces de verano siempre me han sorprendido, las chanclas, las bermudas, las toallas en los parques…
Me gusta esta ciudad, casi inhabitable bajo el sol del medio día, el brillo decadente del sol inundando las tardes y la tregua que llega por fin con la noche.

---Mensaje original------
De: cpablos@maddog.es
Enviado el: 4/07/11
Para: ellah@maddog.com
Asunto: A vueltas con mi ciudad

¿Qué por qué vivo aquí? No he encontrado otra ciudad como ésta, tan fea, tan bella, tan acogedora, tan esquiva… Metáfora de mi propia alma, refugio o disfraz, simplemente supervivencia enlatada, mi día a día.
No espero nada de ella y ella está tan ocupada o tan perdida en conservar su desorden, que me deja instantes de calma, incluso de disfrute, tiempo para recorrerla sin sentirme espiado, sin sentir el peso de su nombre en mi mochila.

Si te pierdes en el centro pensarás que has cambiado de ciudad, de país, hasta de continente. Rascacielos de juguete o calles estrechas y empinadas. Aprendices de ejecutivo, locos y mendigos. Pasos de Semana Santa, manifestaciones y mezquitas. Una mezcla intencionadamente insensata, falsamente inocente, voluntariamente aleatoria.

Y ahora esta es mi casa.

---Mensaje original------
De: cpablos@maddog.es
Enviado el: 17/07/11
Para: ellah@maddog.com
Asunto: Desidia o derretirse en verano

Pasan los días, las horas, los minutos y siento que nadie hace ya nada por cambiar su entorno, sus circunstancias, ni siquiera lo que más nos molesta o disgusta. Parece que vivimos a un ritmo atenuado, en el que la velocidad es un somnífero para el dolor, un calmante para la responsabilidad, y que esta especie de letargo aumenta proporcionalmente con el paso del tiempo, como si se tratase de una regla de tres no escrita, vida-edad, trabajo-duración de contrato, pareja-años de relación.

No creo que estemos rodeados de malos profesionales, de malas personas, de gente insensible, prefiero pensar que la clave es la desidia. Yo soy el primero en apuntarme a la lista de damnificados-actores pasivos que componen esta lista negra de la que, créeme, no se libra nadie, aunque en ocasiones vea, sienta destellos de sensatez que intenten disuadirme de lo que ahora escribo.

No quiero recrearme en mi madurez (quizá la palabra menos galante sería vejez), pero el paso de los años me ha convertido en espectador de muchos acontecimientos, demasiados ahora que lo pienso, y el final que siempre nos oculta la historia (que siempre prefiere recrearse en los momentos más publicitarios, más televisivos) es que los ideales se pierden si no se practican, quedan inútiles como letra impresa en el fondo de un armario.

No pretendo hacer moralina, nada más lejos de mi intención que escribir el manual de uso y disfrute de la vida de los demás, pero sigo prefiriendo la testarudez inútil a la pasividad, aunque en ocasiones me haga pasar por un viejo ridículo.

Ya no trabajo, ni siquiera por dinero. Me he jubilado y he dibujado un ancla en Madrid. Pocas veces me he sentido libre, pero ya que no he podido ni puedo llevar las riendas de mi vida, me conformo con pensar que todo lo que he hecho y lo que hago son actos conscientes. Y esto, esta ciudad, es lo que he escogido.

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