martes, 17 de mayo de 2011

Deadlock

- Mamá, hay un niño dentro de mi cabeza que no para de hablar...
- Cariño, a eso se le llama voz interior, son tus pensamientos. En realidad eres tú mismo.
- Pero ese niño es muy raro y nunca se cansa. Es un pesado, a veces no me deja dormir.
- ¡Para que luego digan que no tienes imaginación! No te preocupes mi amor, ya verás, con el tiempo el niño se callará.

Pero no, el niño no se calló. Sigue ahí cuarenta años después, aunque ahora su voz es la de un adulto. Sus observaciones, sus palabras, sus risas y sus comentarios me acompañan en cada gesto cotidiano. He de reconocer que es un personaje divertido, ocurrente. Y mucho más culto que yo. Pero esa voz no es la mía, ese no soy yo: es un intruso, un okupa en mi vida.

Hoy, sin previo aviso, todo ha cambiado: hace apenas unos minutos, mientras estaba tumbado en el sofá, noté cómo la voz se desdoblaba creando un eco extraño. Al levantar los ojos del periódico le ví en la televisión. Mi voz por fin tiene cara. Ese personaje histriónico que llena la pantalla, él es mi voz.

Y de repente lo he comprendido todo, las cosas han recobrado el sentido que siempre debieron de tener.

Necesito conocerle, tengo que verle. Tengo que hacerle comprender que la voz que le acompaña en sus silencios, en sus noches, esa voz no es la suya, sino la mía. Y que la voz a la que él seguramente echa de menos cada día vive dentro de mí. Todo ha sido una confusión, un defecto de fábrica. Un simple error de programación.

Photo source: http://www.flickr.com/photos/daisypic/4953136577/

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