jueves, 28 de abril de 2011

Hablando de sombras

Dicen que ese que me mira con expresión sorprendida desde el espejo es alguien a quien debería reconocer, pero no logro identificar esa imagen, esos ojos vidriosos que sólo anuncian una tristeza infinita. Le miro detenidamente todos los días mientras me cepillo los dientes: una figura agónica, aplastada por su propio peso, rendido, vencido, dominado. Él ha aceptado la derrota, hace tiempo que dejó que el dolor celebrase su triunfo destrozando todo lo que encontró a su paso. Pero yo no. Hay algo dentro de ese ser, más fuerte y resistente que él mismo, que es totalmente ajeno a esa imagen de engendro decadente, a esa pintura carcomida que se esparce como un hongo sobre la superficie brillante que tengo enfrente. Y ese algo soy yo mismo, luchando por encontrar un atisbo de brillo, una sola señal que anuncie que por fin he logrado resquebrajar la mortaja en la que ahora habito.

Photo source: http://www.flickr.com/photos/mariaparuzel/1368642524/

1 comentario:

  1. Hola, Siena. Muy bueno -y triste- este relato sobre el poso que nos va dejando el tiempo, son mensajes que nos envían los espejos. Pero el que me ha encantado ha sido el anterior sobre el ciervo atropellado. Da la casualidad de que el mismo día vi "Una historia verdadera" de David Lynch, me encanta ese personaje de la mujer que nunca puede dejar de atropellar ciervos cuando conduce, como una maldición. Abrazos. Borgo.

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