martes, 4 de enero de 2011

Pasado simple

Nochevieja. La casa de Martín no estaba adornada como la mayoría de las del vecindario - "por suerte", no hubiera dudado en añadir él - pero era innegable que había ambiente. Cuando llegamos ya no quedaba ni un solo sitio libre en los amplios sofás. Pasamos directamente a la cocina, como de costumbre, un privilegio del que sólo disfrutábamos los más íntimos.
- ¿Vino? - me saludó Martín mientras me besaba en la mejilla y cogía las botellas, envolviéndome en un abrazo.
- Por supuesto, ¿esperabas algo diferente?
- Pas du tout, ma chérie. Hoy no hueles a ti ¿has cambiado de perfume?
- Ja, ja, ja. No sólo de perfume...
- Sí, ya he visto. Nuevo acompañante, muy guapo, por cierto. Ahora entiendo ese brillo en los ojos, preciosa - comentó, bajando la voz.
- Tampoco me refería a eso, pero veo que eres observador... - le contesté con un guiño - Tenemos nuevo contrato, pero luego te lo cuento.
- Noooo, me lo cuentas a-ho-ra. Me tienes en un sinvivir, honey.

Las doce menos diez, un año después. La gente se agolpa en la sala, la misma sala. Estamos prácticamente los mismos, pero hoy sin Martín. La voz de Michael Stipe ("Nightswimming deserves a quiet night ...") se niega a desvanecerse entre las conversaciones, los brindis y el ir y venir de todos aquellos que nos hemos reunido para celebrar algo más que este fin de año. Mario me mira fijamente desde la otra esquina de la sala y eleva su copa en un gesto de complicidad. Durante un segundo no puedo evitar maldecir al falso personaje de Waugh, Martín/Sebastian, atormentado y voluntariamente condenado, para borrar al instante de mi recuerdo ese lado sombrío que sólo mostraba cuando los focos no le iluminaban, y volver a sonreir, envuelta en la seguridad que confiere la frivolidad: al fin y al cabo hoy estamos todos unidos en torno a su recuerdo. Vino tinto y la suave decandencia del año que agoniza.

Photo source: http://www.flickr.com/photos/axiomatique/2676084512/sizes/z/in/photostream/

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