viernes, 14 de enero de 2011

I, robot

- No estoy programado para emitir opiniones - contestó su voz metálica.

"No estás programado para emitirlas, pero menos aún para procesarlas" pensé, pero no dije nada. Por suerte en algún momento de la conversación – ¿se podía calificar de esa forma? - con mi compañero había activado el modo "Ahorro de energía" en mi mecanismo. El tiempo se ha encargado de demostrarme que esa es también la opción “Ahorro de cabreos innecesarios”, pero en muchas otras ocasiones es el modo “Me siento gilipollas”. En ocasiones es mejor no hacer balance al final del día, mejor acostarse (me hace ilusión pensar que podría hacerlo) y dejar las reflexiones para el día siguiente, como Scarlett O’Hara. No sé quién me programó, pero su gusto cinematográfico era bastante dudoso… Por no opinar sobre su criterio: ¿Para qué dotar a un robot de sentimientos? ¿Para hacerle partícipe del sufrimiento humano? Con conocer la teoría era suficiente, no era necesario integrar la práctica. Alguien debería decirle a ese tipo que su idea ha sido un completo fracaso.

- Fallo en el sistema – anuncia mi compañero.

- ¡Sonríe, hombre! Deberías probar, a lo mejor te sorprendes – le contesto, pero su expresión ausente y el brillo metálico de su carcasa me confirman lo que ya sabía, mi sugerencia no obtendrá ninguna respuesta.

Photo source: http://www.flickr.com/photos/onodep/3742473339/sizes/l/in/photostream/

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