lunes, 19 de julio de 2010

Tres adjetivos

- ¿Cómo se te puede ocurrir una cosa así? No tienes ni idea de quién es tu hijo. No sabes qué le gusta o le disgusta, te da igual lo que él pueda sentir o pensar.
- No dramatices, sólo tiene un año y medio...
- Precisamente, ni siquiera le tratas como a una persona. Por lo menos, tómate la molestia en averiguar quién es.

Se quedó perplejo. Por una parte la reacción de Silvia, siempre tan comedida en sus comentarios, le parecía desproporcionada, fuera de lugar. Sin embargo, sentía el cosquilleo de la duda: Silvia solía ser tremendamente razonable y él solía confiar en su criterio.
Decidió ponerse a prueba y pensar en tres adjetivos que definiesen a su hijo desde su propia perspectiva. Ante su asombro, no se le ocurrió nada: en su mente sólo se repetían las palabras vacías y huecas que había oído decir numerosas veces a su madre, a su suegra, a la vecina, al portero o a la propia Silvia ("Es tan mono, tan buenecito, tan rico..."), pero nada de su propia cosecha, nada que sirviese para reflejar en palabras lo que él sentía al ver a su hijo. Silvia tenía razón, realmente no sabía nada sobre él.
Al día siguiente al llegar a su trabajo pidió a su secretaria que organizase todas las tardes de viernes de aquel mes de modo que quedasen libres de reuniones u otros compromisos. Tema personal, concretó. Ella asintió extrañada, pero no hizo ningún comentario. Debía de tratarse de algo importante, pensó, su jefe no era un hombre que escatimase horas a su trabajo.

Ese mismo viernes llegó a casa a las tres. Telma, la cuidadora del niño, le advirtió que hasta las cuatro no se solía despertar.
"Vaya" pensó, y anotó la primera observación en su cuaderno.
- ¿Qué sueles hacer cuándo se despierta? - le preguntó a Telma.
- Pues le doy la merienda y nos vamos al parque.
- Hoy iré con vosotros - dijo. Aunque su primera intención había sido ocuparse él solo de su hijo, se dijo a sí mismo que sería más práctico observar durante aquel día.
El niño se despertó a las cuatro. Él pensó que lo haría llorando, pero se equivocó, balbuceó en la cuna hasta que finalmente le oyeron.
Durante la merienda el niño se dedicó a mirar fijamente a los ojos de su padre, muy serio, mientras abría obedientemente la boca cada vez que le acercaban la cuchara. Durante un instante se sintió incómodo, incluso levemente intimidado por la intensa mirada de su hijo.
- ¿Se comporta siempre así?
- No -contestó Telma sonriendo - es que le extraña.
Le pareció curioso que el niño se levantase al acabar de merendar y corretease hacia su habitación. Él pensó que se pondría a jugar, pero no, el niño se paró al llegar a la puerta y esperó a que ellos llegaran.
- Tienes ganas de ir al parque ¿eh? - dijo, y el niño sonrió abiertamente, la primera sonrisa de aquella tarde.

Mientras caminaban por la amplia avenida, observó que su hijo, sentado en el carrito, se tocaba los piés insistentemente.
- Creo que le molestan los zapatos - dijo.
- No, siempre se quita los quita antes de llegar al parque, y si me descuido hasta los calcetines - contestó Telma.
- Pero, ¿por qué? No hace calor...
- No lo sé, es así. Si llegamos a la verja antes de que se los haya quitado, se echa a llorar. Yo creo hace una especie carrera consigo mismo - contestó la mujer.

Como le llevaba ocurriendo durante prácticamente toda la tarde, no supo qué pensar. Sacó su cuadeno de notas, prácticamente vacío. Al releerlo, deció que era inservible. ¿Palabras? No, sólo un sentimiento: independientemente de que fuese su hijo, aquel niño le caía bien.


Photo source: http://www.flickr.com/photos/labguest/3341886067/sizes/o/in/photostream/

2 comentarios:

  1. Tiene un mérito impresionante que hagas estas entradas a tu blog en 15-20 minutos. Enhorabuena :) te sigo

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