martes, 2 de febrero de 2010

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Lo peor fue no darse cuenta de nada, eso era lo que ahora más le dolía: las cosas habían ocurrido, delante de sus ojos y no había tenido la capacidad de procesar la información  y sacar la conclusión que hubiera debido. Él lo había planeado todo, pero parecía que las circunstancias se habían vuelto en su contra.
Había contratado a la chica. Elena le había contado demasiadas cosas acerca de su marido y a pesar de no conocerle personalmente, sabía perfectamente qué tipo de mujer le podría gustar. Sólo fue cuestión de dinero. A la semana siguiente, Elena llegó a la oficina demacrada y con los ojos enrojecidos. Le confesó que había descubierto que su marido tenía una amante. "Prueba superada", pensó, ahora el resto dependía exclusivamente de él. Sabía que debía ir despacio, Elena era bastante esquiva para los temas personales. Fue su sombra durante las siguientes semanas y estuvo a su lado en todo momento, habló con ella toda la noche en la madrugada en que su marido dejó la casa para irse a vivir con "la otra".
Una tarde finalmente consiguió que le dejase subir a su casa. "Vámonos, ya no queda nada que te ate aquí" le susurró mientras ella descansaba entre sus brazos.
Compró los billetes con la seguridad de poder abrazarla eternamente. La espera se le hizo inacabable, paseó nervioso hasta que los altavoces del aeropuerto le devolvieron a la realidad. Cuando su móvil le avisó de la llegada del mensaje, no necesitó mirar a la pantalla para saber su contenido: "He vuelto con él, aún le quiero y creo que esta situación nos ha unido aún más. Has sido un gran amigo, no te olvidaré".
Nunca se hubiera imaginado el daño que le podría producir la imagen de un asiento de avión vacío, el asiento que justamente ahora estaba a su lado.

Photo source. http://www.flickr.com/photos/swilton/3081535573/

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