jueves, 7 de enero de 2010

Topeka to Denver

Llevaban millas y millas de camino en silencio. Aquella mañana al dejar a sus espaldas Topeka, habían decidido que su siguiente destino sería Denver: ocho horas conduciendo, con una parada en Wakeeney para comer.
Tras dos horas de viaje,  lluvia, cielos grises, el paisaje seguía siendo hipnótico. "Parece imposible que haya otro mundo difente de éste, interminable, sólo asfalto y líneas blancas", pensó. A veces la monotonía se rompía con la imagen de una casa que resultaba ser idéntica a las que habían visto millas atrás. "¿Es que nunca se va a acabar este maldito estado?" No sabía si había realmente había hablado o si los pensamientos resonaban en su cabeza. "Mañana llegaremos a las Montañas Rocosas si seguimos este ritmo, una vez que alcancemos Denver el paisaje será diferente, ya lo verás" la consoló.
Él parecía poseer una paciencia infinita, y ella lo agradecía, el viaje se hubiera hecho insoportable de otra forma.
Se turnaban al volante cada tres horas y solían permanecer silencio mientras él conducía, mientras que cuando conducía ella, él parecía salir de su letargo e inventaba cualquier excusa para hacerla reir: cantaba desastrosamente sus canciones preferidas, se inventaba anécdotas que nuncan ocurrieron o contaba chistes, divertidos de puro malos. Ella no podía parar de reir.
"Próxima parada Wakeeney, caballero", anunció mientras aparcaba el coche. Afuera diluviaba.

Photo source: http://www.flickr.com/photos/jbimagesphotos/4216288730/in/pool-abandoned

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