domingo, 6 de diciembre de 2009

As...

-¿Y no te gustaría comer nada más? - preguntó el hombre, más por cortesía que porque realmente tuviese algún interés en la alimentación del chaval.
- No - contestó el joven. Era muy alto, le sacaba la cabeza a pesar de que él era mucho más alto que la media  masculina de la población, pero aún tenía cara de niño y la cabeza desproporcionadamente pequeña respecto al resto del cuerpo.
Habían ido a la pizzería que había debajo de su casa porque pensaba que aquello era lo que les gustaba ahora a los jóvenes, pero parecía haberse equivocado. El chico apenas había probado bocado. Quizá estuviese tan intimidado como para habérsele pasado el hambre. Parecía distraído, aunque era difícil averiguarlo, el flequillo le cubría la cara casi por completo y era imposible interpretar su expresión. Además, su experiencia con  niños y jóvenes era muy limitada. Nunca tuvo hijos y siempre le había gustado frecuentar gente mayor que él. Ahora se sentía demasiado lejos su juventud como para echarla de menos. Su vida había sido plena y la gente más joven que él, es decir, la mayoría, le producía una pereza inmensa, terreno visto y conquistado.

El abuelo de aquel chico, Joan, era uno de los pocos amigos íntimos que ya le quedaban. Llega una edad en la que la gente parece ponerse de acuerdo para morirse y aquel año había sido una epidemia.
Joan se había tenido que hacer cargo del chico cuando sus padres fallecieron en un accidente de tráfico. De eso hacía ya hacía tres años y según contaba, se llevaban bien, decía el abuelo, lo que en principio le había parecido un carga se había convertido en un alivio, decía. Era un buen chico. Sin duda lo tuvo que pasar mal, la pérdida de sus padres a los 13 años y el traslado de Ámsterdam a Madrid para vivir con un personaje al que sólo veía en vacaciones, no parecían las mejores experiencias para alguien que empieza a enfrentarse con los primeros desconciertos de la adolescencia.
 
Aquella semana Joan se había tenido que ir de viaje a Barcelona durante un par de días y toda la planificación del cuidado de su nieto se había desmoronado en el último momento. "Sólo serán un par de noches" le dijo "no te lo pediría si tuviese otra alternativa" le dijo y él aceptó, porque sabía que su amigo no se lo pediría si no fuera realmente necesario.

El chico permanecía con la cabeza baja, las manos debajo de la mesa.
- ¿Estás escribiendo? ¿Me dejas ver lo que escribes? - le preguntó.
El chico levantó la cabeza y sacó muy despacio un Moleskine negro, que cerró despacío, antes de que el hombre pudiera echar un vistazo.
- ¿Me dejas verlo? - insistió el hombre.
- Sí... Pero antes ¿te puedo hacer unas preguntas?
El hombre le miró extrañado. Apenas habían hablado hasta entonces, de hecho aquella era la frase más larga que había oído salir de la boca del chico.
- De acuerdo, pregúntame lo que tú quieras.
Contestó obedientemente una tras otra a todas sus preguntas. Eran preguntas muy generales sobre el lugar donde había nacido, la profesión de sus padres, sus estudios, su trabajo y su vida actual. Hablaron sobre su mujer, los hijos que no tuvieron, y finalemente sobre lo que quedaba de sus sueños y esperanzas.

- Ya he cumplido mi parte del trato - dijo el hombre y alargó la mano. El muchacho le entregó el cuaderno y permaneció en silencio mientras el hombre lo ojeaba, con curiosidad al principio, con asombro a medida que fue pasando el tiempo.
Era un cuaderno muy abultado, a punto de acabarse. Las primeras hojas contenían polaroids de gente en diferentes sitios y en diferentes lugares. No eran retratos, nadie parecía ser consciente de que le estaban fotografiando. Junto a cada fotografía había dos páginas manuscritas, datos sobre sus vidas, pequeñas alegrías y miserias, diálogos, principios y finales. En un punto del cuaderno, las fotografías habían sido sustituídas por hábiles dibujos, retratos muy precisos y realistas, realizados con bolígrafo y acuarelas, y las hojas con los relatos se habían convertido en historias más largas y densas.

- ¿Lo has hecho tú? Es impresionante. ¿Qué es exactamente?
- Al principio lo hacía con mi madre, ella hacía las fotografías durante el día y me las daba al llegar a casa para que escribiese una historia sobre la gente que había fotografiado. Siempre me ha gustado escribir, era una forma de divertirnos. El juego lo inventó ella, lo llamábamos "As..." He seguido haciéndolo yo sólo, en lugar de fotografías hago dibujos. Me lleva más tiempo, pero me gusta igual.
- ¿Las historias son inventadas? ¿No hay nada real en ellas?
- No, nada. Si teníamos suerte y averiguábamos la historia verdadera de alguna de esas personas, siempre nos reíamos. Casi nunca coincidía con nada de lo que había escrito, pero ella siempre decía que le parecía más real lo mío.
- Si abro las últimas hojas del cuaderno...
El muchacho sonrió.
- Tú mismo... - contestó.
El hombre pasó despacio las hojas hasta que se encontró con sus ojos mirándole desde el cuaderno.
Antes de empezar a leer, levantó la vista y devolvió la sonrisa al muchacho.


Photo source:http://www.flickr.com/photos/renmeleon/410039827/sizes/l/

No hay comentarios:

Publicar un comentario