viernes, 28 de agosto de 2009

En zona muerta

A veces se preguntaba qué habría ocurrido si en aquel momento en el que tuvo la oportunidad de cambiar las cosas, hubiese elegido un camino diferente, hubiese reflexionado antes de tomar una decisión. Siempre había presumido de ser una persona analítica, de no dejarse llevar por sus sentimientos sino por sus pensamientos, pero aquella vez no sucedió así y fue precisamente  la decisión más crítica de su vida.
Un error, pero no uno pequeñito, uno de tal magnitud que era como un socavón del que se veía incapaz de salir.
Nunca le había gustado reparar cosas: la ropa remendada, los objetos restaurados le producían pánico. Cuando era pequeña, arrancaba las hojas de los cuadernos en los que había una tachadura. No le importaba tener que volver a escribir todo de nuevo, lo prefería a tener que soportar los borrones que le dolían como heridas.
Ahora se encontraba ante el mayor borrón de su vida y no había forma de eliminar la página.
Pasó noches y noches en vela, haciendo esquemas de las posibles alternativas, matemáticas sin ninguna lógica, pero las soluciones que encontró sólo disimulaban el error, no lo eliminaban, y no se sintió cómoda con ninguna de ellas.
Un día, mientras preparaba el café, le vino a la mente una imagen que la tranquilizó: miles de borrones juntos formaban una página negra, en la que nada se diferencia, y la siguiente página estaría absolutamente limpia. Sonrió y al coger la taza del armario decidió retomar su vida de nuevo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario