viernes, 26 de junio de 2009

Madrid I

Nunca había creído en el destino, pero le parecía la única explicación plausible para poder entender cómo había llegado a vivir en aquel lugar. A primera vista, nada encajaba con él: siempre había soñado con vivir en un chalet a las afueras, quitarse la corbata al llegar de trabajar, poder salir al jardín descalzo y tomarse una cerveza con el sonido de los aspersores como única música de fondo. Los pisos siempre le habían producido claustrofobia.
Cuando le anunciaron que se tendría que trasladar a Madrid le pareció una mala noticia, a pesar del ascenso y del aumento de sueldo. No se imaginaba cómo podría vivir sin mar y, sobre todo, le daba pánico tener que vivir en el centro, pero finalmente, cuando su secretaria le anunció que el chalet que había localizado la agencia no estaría disponible hasta julio, tomó la decisión de olvidar momentáneamente sus preferencias, ser práctico y buscar un alojamiento temporal cerca de la oficina: al fin y al cabo, en esa época del año no iba a poder salir de trabajar ni un sólo día antes de las nueve de la noche.
Ni siquiera se planteó la opción del hotel, esa misma tarde decidió dar una vuelta y quedarse con el primer piso que encontrase, sin importar precio ni estado.
Aquella calle era la separación entre dos mundos, los edificios señoriales y en perfecto estado daban paso sin ningún aviso previo a casas de dos alturas, algunas rehabilitadas, pero otras con un aspecto lamentable. Decidió llamar al primer cartel de alquiler que vio. Al día siguiente había Consejo de Dirección y no podía perder el tiempo con asuntos banales. Marcó el número en la blackberry.
"Estoy acabando de enseñarlo, puede subir a verlo ahora si quiere".
Se quedó con él piso sin haber visto ni la cocina y bajó las escaleras con el comercial para formalizar el alquiler durante tres meses en la agencia, que estaba a dos calles de distancia.

Lo primero que vió fue su espalda: ella luchaba con la llave del buzón, que parecía atascada. No pudo dejar de admirarse ante la blancura de aquel cuello delicado y del milagro de su pelo alborotado recogido en un moño imposible, apenas sujeto por una horquilla.

Ella se sentó en la cama.
- ¿Por qué sonríes? - preguntó.
El se incorporó, y mientras le recogía el pelo para besarle la nuca murmuró: "Sólo recordaba..."

Photo by Juan Luis García (¡Mil gracias, genio!)
Source: http://www.flickr.com/photos/scharwenka/1097785223/in/set-72157601396350762/

No hay comentarios:

Publicar un comentario