martes, 30 de junio de 2009

En el diván

-... Y me dijo "¿Te ocurrre algo?" , de muy malas maneras, y claro, yo le dije que no. No me dio tiempo a más: comenzó a gritar como una loca, fuera de sí, y a continuación me colgó. No me dejó ni explicarle qué quería...
- ¿Y qué hora era?
- Bueno, pues no sé, habían terminado "Los hombres de Paco" y estaba viendo otra serie, no me acuerdo cómo se llama, pero no era ni la una.
- Amelia, quizá esa hora no sea demasiado tarde para ti, pero si tu hija tiene que madrugar, es un poco tarde para ella. Además, los niños...
- Que no es eso, que nunca me hace caso, que no me escucha jamás. Llamo y llamo y nunca tiene más de cinco minutos para mí. Si le llamo al trabajo, porque está trabajando, si le llamo más tarde, porque está conduciendo, por la noche, que tiene que dar de cenar a los niños. Y los fines de semana, yoga y acupuntura. Nunca puede hablar. Y de venir a verme ni hablamos.
- Quizá si quedáseis a comer, en un ambiente neutro, cerca de su trabajo, para que os diese más tiempo a estar juntas.
- No, no, ni hablar. Quedamos hace dos fines de semana y me llevó a uno de esos orientales que le gustan a ella, en los que ni se come ni nada. Ni siquiera trajo a los niños, hay que ver... Y siempre llevándome la contraria, todo lo que digo le parece mal. Las cosas se las digo por su bien, por algo soy su madre.

- Amelia, son las siete ya. Como ejercicio para el próximo día te propongo que intentes interactuar al menos dos veces durante la próxima semana de una forma que no sea la habitual en tí, quiero que experimentes con las sensaciones que sientes. Por ejemplo, habla con un desconocido en un contexto seguro, pregunta la hora o por una dirección. Me comentas lo que has sentido el próximo día. Nos vemos en próximo martes a la misma hora.

Photo source: http://www.flickr.com/photos/hulk4598/3317984816/

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